Vísperas de Navidad. La maldita fiebre del heno me ataca cada chingado Diciembre. Es como si se me metiera un chingado gusanito en las narices y me empezara a caminar dentro con sus patitas cosquillantes y tremendamente insoportables, provocando con esto un fluido nasal cual catarata del Niágara y unos ojos rojizos y llorosos como si me acabara de fumar un porro.
Bah! Estas épocas eran tan agradables hace una década, cuando lo que más preocupaba era que tanto alcohol te podías meter con tus cuates y que regalillo se te podía atravesar a los pies del arbolito de navidad. La cena y el ambiente perfectos: Los abuelos, mi papá, mis hermanos, incluso la filosa de mi madre guardaba sus dagas y su vinagre para después.
Todavía en Las Vegas, donde me aventé mis navidades gringas, la vibra era la misma y el ambiente congelante de mitad de desierto, combinado con la nieve de las montañas Charleston, le daban un toque más adoc con la época del año. Las plazas comerciales abarrotadas a más no poder con sus descuentos exagerados para endeudarte hasta el cuello.
Pero como que todo esto va en decadencia ahora. Quizá porqué la ilusión ahora se esfuma ante el peso de tantas realidades, de la falta de empleo, de la incertidumbre para el próximo año y los nada prometedores pronósticos para la creación de chambas. Todo esto mezclado con las acciones y comentarios de la abuela de mi hija, que simplemente cortan más que un cutter.
Esta noche debiera cenar en casa de mis padres, pretendiendo que todo es perfecto y sentarme a la mesa olvidando todas esas cortadas maternas que invariablemente te dejan sangrando por al menos, un par de días. Debiera pretender que todas su acciones fueron hace mucho tiempo y quedan olvidadas, aunque hace un par de noches, de nuevo su lengua escupió fuego innecesario.
Si, se que debería ir a su casa. A fin de cuentas, que chingados, es Navidad, no?! Es la época del año donde se deben de olvidar toda la bola de pendejadas que nos hacemos unos a otros, no? Es el tiempo perfecto de hacerte de la vista gorda ante toda la soberbia y el ego que una sola persona puede emanar en un minuto de plática, aunque este me de más náuseas que la Gordillo.
Es época decembrina. Todo eso que jode, se debiese de olvidar, después de todo, ellos pretenden olvidar el odio y el rechazo que tienen a la forma en que he llevado mi vida los últimos cuatro años y seguramente querrán tener una mesa perfecta y sin arrugas, una cena deliciosa y beberemos de lo mejor; haremos como que no pasa nada y yo me tragaré las náuseas.
Después de todo, mi padre no tiene la culpa de mucho. Bueno, quizá si pero por cosas del pasado, muy pasado y muy profundo que ahora prácticamente no viene al caso. Mi hija, no se diga, ella es la que menos tiene vela en este entierro. Se muy bien que mi papá le gusta la fecha, cenar, un vinito, sobremesa...
Este año es distinto. Hay mucha mierda de por medio. Este año ni la navidad es capaz de limpiar todo el vinagre derramado, toda la humillación, todo el veneno. Esta noche no quiero sentarme y pretender que no pasa nada, no quiero fumarme el ego prepotente de unos pies separados del suelo. Esta noche me quedo en casa. La Lagartija compró cuatro movies. Una navidad de película será la mía.