martes, marzo 01, 2011

A un mes de haber llegado a Playa del Carmen.

Ya es un mes en esta parte del Caribe, con todo su clima loco de chubascos repentinos que no duran más de tres minutos y con sus no menos pirados cambios de temperatura que van desde el abotagante calor tropical, hasta el frío repentino tipo DF; de ese que te hace ponerte chamarra y quitártela si entras al metro.

Acá han pasado cuatro semanas que en su comienzo prácticamente fueron vacaciones, pese a mi intensa búsqueda de trabajo en medios locales: estaciones de radio y periódicos, la relajación casi venía implícita con la vista del caribe turquesa que definitivamente llama a los ojos si uno va caminando por la quinta avenida y voltea hacia la playa; es simplemente hermoso el fulgor del mar cual postal del National Geographic.

Las primeras dos semanas se me fueron entregando curriculums y caminando las calles playenses: de la Juárez a la 30, la 20, la 15, la 10, la 40, la Constituyentes; carájo, no es del otro mundo, de hecho, es re pequeño el entorno acá, pero aún no me aprendo las calles. Fui a dos estaciones de radio y a los periódicos con sede en Playa, pero sólo uno estaba contratado.

Desde que llegué, leí al menos tres diarios que me interesaron para ir a aplicar: El Novedades de Quintana Roo, Respuesta y el Por Esto; periódicos serios a la vista, que además de tener contenido local, traían buena información del resto del país y el mundo, de hecho, ojeando el Novedades, leí el anuncio que simplemente “solicitaba repoteros”.

Mandé mi curriculum esperando ansioso una llamada pronta, pero no fue al cabo de una semana que esta llegó. Tenía que ir a Cancún a las oficinas del Novedades para entrevistarme con el editor del diario, que precisamente no era el mismo periódico que se había interesado en mí, sino una publicación hermana, pero digamos diabólica, ya saben, tipo Reforma y El Metro o El Universal y El Gráfico. El diario se llama “De Peso”.

Cuando en la Septién hablamos de pasquines, uno se imagina periódicos mal hechos y tendenciosos; vehículos propagandísticos, amarillistas y demás cosa, pero jamás pensé toparme con uno, y mucho menos que me quisiera contratar como reportero gráfico de nota roja.

El punto es que me lancé cual flecha a Cancún a mi respectiva entrevista con el editor, que resultó ser un joven de no más de 30 años, modoso y en extremo propio. Dijo ser del DF y haber estudiado Comunicación en Aragón. Me preguntó sobre mí, sobre lo que hasta ahora había hecho; que si Carmen era bonita en persona (ese día le dieron aire en MVS), que si el tráfico de Circuito Interior y que si ya había leído algo del periódico “De Peso”.

Negué con la cabeza y en seguida me extendió una copia del ejemplar del día. La de ocho se la había llevado un atropellado en la carretera federal, y su gráfica mostraba de forma explícita el reguero de sesos por todo el asfalto.

-¿Tienes problemas con la sangre? Me preguntó con una mirada por encima de sus lentes de armazón grueso.

-No. Respondí seguro.

-¿Con los muertos?

-No.

-¿Con cadáveres putrefactos?

-No.

Mientras respondía, ojeaba el periódico y estuve a punto de decirle que en efecto, no tenía problema con los muertos, con los decapitados, con los destazados y demás material gore que su periódico se jactaba de publicar, sino más bien, mi único problema era la forma en que estaba escrito: una mezcla de mala redacción, mal gusto y burla; así como si fuera escupido por algún chismoso con poco léxico.

“Como verás, nuestro periódico es muy particular y tiene un público bastante bien definido. A la gente lo que le gusta es le morbo, la desgracia ajena, y eso precisamente es lo que nosotros les vendemos, con un lenguaje así como platicado, ¿me entiendes? Así como que muy sin broncas".

¡No mames! ¡Vaya que si es muy “sin broncas”! Miren que cabecear la nota con un:

“MORRITO SE QUEMÓ LOS CUERITOS DE LAS PATITAS Y CRUZROJITOS SE LO LLEVAN DE URGENCIA EN LA CHILLONA”

Además de ser de pésimo gusto y carente de seriedad y profesionalismo, es una total falta de respeto al los paramédicos y al pobre niño que se ardió las piernas con agua hirviendo, pero el “editor” insistía que ese era el lenguaje que su periódico utilizaba.

Yo le pregunté si ellos las arreglaban de ese modo y me respondió que si, que él y no se quién más editaban todos los textos, lo que me tranquilizó un poco por no tener que ser yo quien hiciera esas visiones, pero todo se vino abajo cuando él remató alentándome a escribir así en los siguientes dos días que saldría con el reportero de la tarde a perseguir ambulancias.

Se llama Ángel, y a sus 22 años ha fotografiado y visto más muertos que cualquiera de mi clase en la universidad (yo incluido), pero eso lo platico mañana, que ya hace hambre y me pienso comer algo con michoacana más chula de todo Playa del Carmen.

Ahí se ven, méndigos.

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