viernes, septiembre 16, 2011

Los Zetas.

La guerra contra el narcotráfico que actualmente libra el estado mexicano a lo largo y ancho del territorio nacional, ha puesto a la luz pública a sus protagonistas, así como a sus diferentes organizaciones criminales. En hechos sin precedentes, los cárteles de la droga han logrado imponer su ley, infundir terror y prácticamente arrasar con comunidades enteras, hoy vueltas pueblos fantasma.

Fundado por 14 militares desertores del ejército mexicano, Los Zetas vieron sus inicios en la figura de Arturo Guzmán Decena, soldado de infantería con cinco años de servicio activo.

Experto en combate, entrenado por militares y paramilitares israelíes, Guzmán Decena también fue elemento de los llamados en aquel entonces, GAFES: Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales.

Contraguerrilla, combate y supervivencia, los GAFES se crearon a raíz del levantamiento del EZLN en Chiapas, en 1994, para después ser conocidos únicamente como Fuerzas Especiales; la élite de combatientes de las fuerzas armadas mexicanas.

Según información dada por la Procuraduría General de la República, tras desertar del ejército a finales de la década de los noventa, Arturo Guzmán Decena no se quiso ir sólo de las filas castrenses, llevándose con él a algunos integrantes del 70° batallón de Infantería, del 15° regimiento de caballería motorizada y de la brigada de fusileros paracaidistas, todos ellos militares caracterizados por el alto nivel de entrenamiento al que fueron sometidos.

Pero no es hasta el año 1999 cuando el grupo reclutado y organizado por Arturo Guzmán Decena, comienza con su actividad criminal al ponerse a las órdenes del narcotraficante Osiel Cárdenas Guillén, entonces líder del Cártel del Golfo y quien sustituyera a Juan García Ábrego tras su detención en 1995.

Cárdenas Guillén escaló y reactivó al cártel debilitado, al grado de convertirse en uno de los hombres más buscados por la PGR, así como por las agencias estadounidenses DEA y FBI, quienes llegaron a ofrecer hasta dos millones de dólares de recompensa por información que llevara a su captura, luego de que Osiel Cárdenas amenazara de muerte al agente de la DEA, Marion Doubois y al agente del FBI, Daniel Fuentes.

El Cártel del Golfo que en aquellos años operaba en varias entidades incluido el Distrito Federal, contaba con operadores que afianzaron sus alianzas con cárteles colombianos, y que en 1999 comenzaron a mandar numerosos cargamentos de cocaína procedentes de Sudamérica vía Coatzacoalcos, Veracruz, hasta llegar a Matamoros y Nuevo Laredo, Tamaulipas, por vía terrestre.

Los millones de dólares invertidos por la organización criminal de Cárdenas Guillén, se veían en constante riesgo al entrar por la frontera sur y por el puerto veracruzano.

Las disputas por las rutas de trasiego de droga eran cada vez más frecuentes con los cárteles y organizaciones rivales, lo que hizo al narcotraficante pensar en un grupo capaz de encargarse de la seguridad de sus cargamentos, así como el trabajo sucio: ejecuciones, cobros y ajustes de cuentas.

La idea de Osiel Cárdenas Guillén fue precisa: crear un brazo armado lo suficientemente poderoso y preparado como para controlar todas sus zonas de operación, así como las rutas de tráfico que atravesaban todo el largo del territorio nacional.

Osiel Cárdenas, se cruzó en el camino de Arturo Guzmán Decena y en él encontró la solución a sus necesidades de seguridad y eliminación de contrarios. El ex Gafe desertor sin dudarlo comenzó a reclutar a integrantes en servicio activo del 15 batallón de infantería, acuartelados en Tamaulipas, y quienes desertaron definitivamente de las fuerzas armadas.

Pero el grupo aún no estaba listo.

Al menos siete elementos más del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, se unieron al naciente equipo criminal de Guzmán Decena, quien adoptó la clave Z-1, en referencia a los comandantes militares encargados de la plaza de la Policía Judicial Federal en Tamaulipas, y quienes también terminaron por aliarse con Osiel Cárdenas Guillén.

Con un total de 14 desertores, la base original de Los Zetas quedó plenamente formada.

Una de las primeras operaciones de Los Zetas fue el asesinato de Dionisio Jácome, líder del bando contrario conocido como “Los Chachos”, grupo armado al servicio del narcotraficante prófugo y líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Según varias versiones, Jácome fue sacado de su casa en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en una acción descrita como “tipo comando”, en la que no se disparó un solo tiro. Su cuerpo apareció dos días después con un balazo en la cabeza en la autopista Reynosa-Monterrey, para así dejar en claro quién era el dueño de la plaza. Cárdenas Guillén con Los Zetas era una combinación mortífera.

En poco tiempo el Cártel del Golfo cobró fuerza con todo el poder que su nuevo, sofisticado y entrenado brazo armado ejercía sobre los demás grupos de choque de las otras organizaciones criminales.

Sus servicios de protección y resguardo de cargamentos de droga pertenecientes al Cártel del Golfo, venidos desde Centroamérica, así como los escoltas que cuidaban a la misma familia de Cárdenas Guillen, sus sicarios, entrenamiento y equipo sofisticado comprado en Estados Unidos, tuvieron cada vez más fama en el submundo de la delincuencia organizada.

Pero en los oscuros callejones del narcotráfico, no todo es para siempre:

Luego de tres años de ejercer su hegemonía transformada en empresa criminal en la cual mató a enemigos de Osiel Cárdenas, así como a sus competidores en el tráfico de cocaína y marihuana en Nuevo Laredo, Tamaulipas, Arturo Guzmán Decena, el Z-1, fundador de una de las organizaciones criminales más peligrosa de los últimos tiempos, Los Zetas, murió balaceado el 21 de noviembre del 2002 en un restaurante de Matamoros.

Una denuncia anónima alertó a las autoridades. Los militares abatieron al Z-1 de cuatro balazos, tres de ellos mortales y uno más que le destrozó el brazo.

Osiel Cárdenas había perdido a su asesino más despiadado.

No fue hasta tres meses después de la muerte de Arturo Guzmán Decena, cuando la presentación pública de Los Zetas se hizo oficial:

Afuera del restaurante donde el sicario fue abatido, una corona fúnebre así como cuatro arreglos florales, fueron dejados en el lugar junto con una leyenda en honor al Z-1:

“Te llevaremos siempre en el corazón: de tu familia de Los Zetas”, rezaba el mensaje.

Pero el declive de este ciclo criminal de Los Zetas no terminaría ahí. El 14 de marzo del 2003, elementos del Ejército Mexicano en una operación de la cual sólo tenía conocimiento el entonces presidente Vicente Fox, se enfrentaron a Los Zetas en Matamoros, pero los mercenarios no pudieron hacer mucho.

Osiel Cárdenas Guillén cayó vivo en manos del ejército mexicano. La operación dejó como resultado, además de la captura del capo, tres militares heridos; uno de ellos murió poco después a consecuencia de sus heridas, así como la detención de tres de los sicarios que intentaron rescatar a Cárdenas.

La cabeza del cártel, así como el jefe de su brazo armado habían sido removidos.

De inmediato el Cártel del Golfo encontró a su nuevo líder en la persona de Jorge Eduardo Costilla Sánchez y a Arturo Guzmán Decena, le sucedió Rogelio González Pizaña, el Z-2, quien quedó al frente de Los Zetas, y también coordinador de seguridad del Cártel del Golfo.

Osiel estaba preso y a punto de ser extraditado a Estados Unidos. Fueron tiempos de discrepancias entre Los Zetas y las nuevas personas que pasaron a tomar el control del cártel, quienes ya habían hecho alianzas con otras organizaciones de traficantes, entre ellos La Familia Michoacana y el Cártel de Sinaloa.

La unión de cárteles no contemplaba al brazo armado creado por Osiel Cárdenas y Arturo Guzmán. Las matanzas entre grupos de narcotraficantes comenzaron a darse de manera más frecuente y la inminente separación se dio.

La guerra contra Los Zetas había comenzado. Las ejecuciones se incrementaron, así como el salvajismo con que eran perpetradas. El nombre de uno más de los 14 Zetas originales, Heriberto Lazcano o el Z-3, ex GAFE y nuevo jefe de Los Zetas, dio un giro vertiginoso al rumbo su organización delictiva.

Con la exclusión de la alianza de cárteles, Los Zetas vieron amenazadas sus finanzas, encontrando en la extorsión, el homicidio, el secuestro, el robo, la clonación de tarjetas de crédito y el tráfico de personas, sus fuentes de ingreso. Los enfrentamientos cada vez tenían desenlaces más macabros y comenzaron los videos de torturas y decapitaciones, así como las narcomantas con mensajes de uno y otro bando.

Debido al contacto que Los Zetas tenían con los traficantes de cocaína centroamericanos, comenzaron a crear su propio negocio que sólo se añadió a la lista de actividades delictivas que actualmente ejecutan. El control de indocumentados pasó a ser monopolio Zeta, así como la extorsión a negocios en los lugares donde cuentan con células.

Desde Cancún hasta Reynosa, la estela criminal de Los Zetas ha ido dejando muertos y pueblos abandonados.

En Septiembre del 2008 durante el aniversario de independencia en el estado de Michoacán, tres granadas fueron lanzadas por zetas al público que se encontraba en plena plaza, dejando un saldo de cuatro muertos y más de 30 heridos de gravedad, todo esto con la finalidad de “calentarles la plaza”, a La Familia con la presencia de más fuerzas federales, afectando con esto la operación del cártel michoacano.

Dos años después, entre el 22 y 23 de agosto del 2010, 72 cuerpos de migrantes de diferentes países, fueron encontrados en el ejido El Huizachal, del municipio tamaulipeco de San Fernando, Tamaulipas. La opinión internacional no se hizo esperar y el repudio en general a Los Zetas se volvió cada vez más fuerte al momento que las autoridades anunciaron la detención de siete probables responsables de la matanza.

Todos eran Zetas.

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