lunes, noviembre 21, 2011

Reflexión Noviembre 2011

El año se acaba. Un 2011 tan cambiante he inestable que llega a asquear por momentos. Las ganas por escribir más de unas líneas se fueron agotando tenues. Quizá la satisfacción estúpida por soltar los mares internos a placer, poco a poco se fue haciendo cada vez más débil. 

Creo más que nunca que esta carencia de letras no es más que el puro reflejo de saber que las cubetas pestilentes que todos cargamos; aquellas donde se van depositando las emociones no saneadas, las fracturas, las heridas y todo eso que al final nubla los sentidos, han sido totalmente vaciadas y no hay más contenido que provoque fragmentos de pensamiento desdoblado, vuelto un intento de texto absurdamente compartido.

Esta es quizá, la primera vez en todo este tiempo de vida de este blog, que no hay resquicio  de memorias lastimeras y caducas; de inspiraciones hechas fémina ni de poemas echados al aire con objetivo movible y cambiante. Esto no es más que el resultado de haber crecido un poco, o de aprender a soltar en definitiva, todas las amarras que sólo permitían una lejanía medida, previamente trazada.

Pero terminaron por desgastarse aquellos nudos y de vaciarse por completo los contenedores pestilentes.

Y ahora, ¿qué?

Mi nostalgia no ha hecho más que hartarse de ser tan evocada y mejor se largo  otra parte. Crecí como debí de haber crecido y me satisface el saberme de acuerdo con el resultado de todas las decisiones tomadas; no porque estas hayan sido con un resultado feliz, sino más bien de saber a consciencia que no soy más que todo lo que en esta vida he vivido.

En definitiva, la inspiración amargo-cachonda que me provoca escribirle a esas mujeres que me pueden mover el psique, está en total reposo; no hay nada que hasta hora mueva lo suficiente como para volcarme en letras malas, pero cargadas de sentimiento, y muy al contrario, me dediqué a burlarme en unas cuantas líneas de lo que se me diera la gana en Facebook y me fue sumamente placentero, pese a que más de uno terminó odiándome y creyendo que en verdad odio a los gordos.

No quiero sonar patético y pensar que sólo escribo cuando hay sentimientos amorosos y carnales de por medio. Quien ha seguido este blog en algún momento, sabrá que hay vaina de todo tipo, pero también el entorno actual que vive el país es más deprimente, que en lugar de escribir, más inspira a agarrar piedras y darle en su madre a los vidrios del Senado y de toda oficina de gobierno que pase por enfrente. 

Me duele en el alma no poder seguir estudiando. No al menos en la bendita Septién, que pese a estar llena de vituperios por aquellos que nunca están conformes, no dejará de ser mi base jamás, ni el lugar donde aprendí más que ortografía y géneros periodísticos. La UNAM me coquetea y si el dinero ya no alcanza para pagar universidades privadas, no pienso por nada del mundo dejar de aprender, pese  mis 34 cabrones años a cuestas. Ya más que un título profesional, me llama más el no dejar de aprender y no ser parte de la borregada que siempre hablará sin fundamento.

Le temo a eso. Es mi más grande terror el no saber del mundo en donde vivo, de mi país, de lo que sucede más allá de mi colonia. 

Puedo ser conforme con los bienes materiales que pueda tener, después de todo, vivo consciente y muy a gusto con mi idea de que no necesito lo impuesto por el sistema; todo aquello que desean que compre. No necesito un televisor de pantalla plana, ni un coche, ni un IPhone, ni tomar café en Starbucks; no necesito beber en La Condesa, ni agradar en círculos sociales. Lo respeto, pero no lo ocupo.

No  necesito nada de eso, sin embargo, y por cuestiones que van más allá de lo que pueda explicar, necesito saber más, leer más. El ser bilingüe no es suficiente. Tengo que aprender italiano pronto, tengo que regresar a las discusiones álgidas con catedráticos sionistas, tan nutritivos pese a lo diferente de los puntos de vista; a las aulas cerradas y espectantes de los datos disfrazados por profesores en clase, y que en realidad son pura teoría política tirada al aire, dispuesta a ser recibida por quienes ven más allá de simples datos que hablen de Honecker o las Juventudes Comunistas.

Mi entorno se ha ido cerrado desde que llegué del Caribe, desde que dejé la Septién, desde que mi gente y yo nos alejamos por nuestro propio presente y que ahora resulta tan distinto a lo que se pensó en un momento; en charlas en la cantina "El Imperial", de Ignacio Mariscal. "No renunciaremos, pase lo que pase". Pero jamás se contempló la realidad latente. Todos saben que el periodismo es mi todo, carajo, lo traigo metido desde antes de nacer y se hizo grande cuando toqué la cuna.

Ahora de nuevo escribiremos. Abandono todas las líneas sabrosas, pero en realidad insulsas de la pinche red social, para tratar de regresar y probarme que no sólo la letra fluye cuando hay azote. Después de todo, vendrán más y con ello, más condimento, pero ya viene siendo hora de evitar conformismos textuales, placeres momentáneos de unas cuantas líneas.






0 han desdoblado su opinión.:

Publicar un comentario

Los comentarios son libres, así como las mentadas, pero por favor, que sean sutiles...