viernes, noviembre 25, 2011

¿Por qué si enjuiciar a Calderón?

Yo fui uno de los miles que firmó a favor de llevar a juicio a Felipe Calderón. La fallida guerra contra el narcotráfico y sus daños colaterales, van más allá de lo que un líder de estado puede augurar al llevar a cabo semejante diligencia. Es y será fallida desde sus inicios, desde su deficiente planeación que pasó por muy alto la máxima que ha venido rigiendo a nuestro país desde los tiempos de Durazo Moreno: la corrupción.

¿Cómo es posible que, con tal de legitimar su robo presidencial, Felipe Calderón haya tomado la decisión de declararle la guerra al narco, aún sabiendo que toda su estructura promotora y preservadora de mantener la ley y un estado de derecho, está coludida con el enemigo declarado?

No es noticia nueva el saber que generales; altos mandos militares, policías, desde municipales, hasta federales, en gran mayoría son una bola de rateros prepotentes sin un gramo de cultura cívica, de ética, que les permitiese  ejercer sus funciones de manera profesional. No es novedad que cada vez existan más vínculos entre gobierno y traficantes y muy a pesar de saber esto, Felipe Calderón Hinojosa se le fue encima, así con su pequeña humanidad, a un monstruo enorme que ya tenía medido cada uno de los golpes que el pobre presidente, junto con todo su circo, asestaría.

Su necesidad de legitimar el robo perpetrado a Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones del 2006, le hizo olvidar que sus instrumentos para llevar a cabo esta guerra, estaban corrompidos, sucios e inoperantes. Le hizo olvidar que el sexenio Foxista, sacó del penal de Puente Grande a Joaquín "El Chapo" Guzmán. Le hizo olvidar que la policía mexicana es una de las más corruptas del mundo y pensó que al subir el sueldo al ejército, estos podrían hacer el trabajo de civiles, y llenó las calles de soldados encapuchados y de gatillo fácil a la hora de poner retenes.

La papa estaba más caliente de lo que sus ansias de llegar a la presidencia esperaron, las corporaciones policíacas eran de algún modo y desde hace muchos años, parte de las filas de los diferentes cárteles; oficiales de policía al servicio de narcotraficantes que no dudaban en engrosar las filas de la maña, con tal de recibir sus beneficios. Sin embrago, Felipe los mandó a combatir a sus propios jefes, logrando el resultado que ya sabemos: policías muertos acusados de servir a uno y otro cártel, ediles asesinados cuales reces, por, también, estar embarrados hasta las orejas del lodo traficante que no se detiene ante nada; movido por las masas de millones de dólares que pasan por encima de todo lo que se le atraviesa.

¿En algún momento Felipe Calderón habrá pensado que todo su sistema judicial es una porquería y que sería imposible ganar una "guerra" teniendo sus organismos policiales y militares corrompidos hasta la médula?

Si, definitivamente si lo pensó, pero le importó un comino.

A Calderón le urgía vanagloriarse con triunfalismos populistas que limpiasen su silla presidencial; le era imperioso recuperar credibilidad y apostó con sangre ajena en la arena política de un país cada vez más llevado al derrumbe; donde los recursos se despilfarran en series de televisión como la producida por Televisa, "El Equipo". Más de 118 millones de pesos costó el intentar limpiar el nombre de la Policía Federal comandada por el delincuente de Genaro García Luna o mejor conocido como "El Señor de los Montajes", por hacer alusión al falso operativo donde se aprendió a Florence Cassez, ciudadana francesa acusada falsamente de secuestro y sentenciada a más de 60 años de prisión. Una víctima más de García Luna y Luis Cárdenas Palomino.

Felipe Calderón ignoró los principios políticos para asegurar la paz social. Sería estúpido pensar en naciones libres de crimen organizado y más estúpido pensar en que Calderón se "sacó un 10" son su lucha "valiente" y poco inteligente. No es de extraños el saber que todo gobierno negocia con su crimen organizado; así como Rudolph Giulianni lo hizo al ser alcalde de Nueva York y como fiscal de distrito, a finales de la década de los 80, y acordó con las mafias locales encargadas de la prostitución y el tráfico: no asesinatos, no asaltos ni agresiones a la población civil, férreo combate a la corrupción y negociación como base de todo.

Tal vez la geopolítica de nuestro país es distinta, pero las condiciones actuales se prestan a buscar soluciones urgentes, duraderas y acordes con el conflicto que actualmente vive nuestro país, gracias a las decisiones de Calderón y su séquito. Patearon el avispero con tal de quedar bien con la niña bonita y resultó que las avispas picaron a medio pueblo, han matado a mucha gente y ya sólo el triste mandatario, ruega como lo hizo su botudo e imbécil antecesor, por que estos seis años se terminen pronto y deje de dar la cara por su mesiánico actuar que ya se vio no ha hecho más que retroceder al país al grado de hacernos una Colombia ochentera.

La gloria política y personal van muy lejos de la necesidad de un país. Por eso, simplemente por eso, Felipe Calderón Hinojosa merece ser llevado a juicio.

  








lunes, noviembre 21, 2011

Reflexión Noviembre 2011

El año se acaba. Un 2011 tan cambiante he inestable que llega a asquear por momentos. Las ganas por escribir más de unas líneas se fueron agotando tenues. Quizá la satisfacción estúpida por soltar los mares internos a placer, poco a poco se fue haciendo cada vez más débil. 

Creo más que nunca que esta carencia de letras no es más que el puro reflejo de saber que las cubetas pestilentes que todos cargamos; aquellas donde se van depositando las emociones no saneadas, las fracturas, las heridas y todo eso que al final nubla los sentidos, han sido totalmente vaciadas y no hay más contenido que provoque fragmentos de pensamiento desdoblado, vuelto un intento de texto absurdamente compartido.

Esta es quizá, la primera vez en todo este tiempo de vida de este blog, que no hay resquicio  de memorias lastimeras y caducas; de inspiraciones hechas fémina ni de poemas echados al aire con objetivo movible y cambiante. Esto no es más que el resultado de haber crecido un poco, o de aprender a soltar en definitiva, todas las amarras que sólo permitían una lejanía medida, previamente trazada.

Pero terminaron por desgastarse aquellos nudos y de vaciarse por completo los contenedores pestilentes.

Y ahora, ¿qué?

Mi nostalgia no ha hecho más que hartarse de ser tan evocada y mejor se largo  otra parte. Crecí como debí de haber crecido y me satisface el saberme de acuerdo con el resultado de todas las decisiones tomadas; no porque estas hayan sido con un resultado feliz, sino más bien de saber a consciencia que no soy más que todo lo que en esta vida he vivido.

En definitiva, la inspiración amargo-cachonda que me provoca escribirle a esas mujeres que me pueden mover el psique, está en total reposo; no hay nada que hasta hora mueva lo suficiente como para volcarme en letras malas, pero cargadas de sentimiento, y muy al contrario, me dediqué a burlarme en unas cuantas líneas de lo que se me diera la gana en Facebook y me fue sumamente placentero, pese a que más de uno terminó odiándome y creyendo que en verdad odio a los gordos.

No quiero sonar patético y pensar que sólo escribo cuando hay sentimientos amorosos y carnales de por medio. Quien ha seguido este blog en algún momento, sabrá que hay vaina de todo tipo, pero también el entorno actual que vive el país es más deprimente, que en lugar de escribir, más inspira a agarrar piedras y darle en su madre a los vidrios del Senado y de toda oficina de gobierno que pase por enfrente. 

Me duele en el alma no poder seguir estudiando. No al menos en la bendita Septién, que pese a estar llena de vituperios por aquellos que nunca están conformes, no dejará de ser mi base jamás, ni el lugar donde aprendí más que ortografía y géneros periodísticos. La UNAM me coquetea y si el dinero ya no alcanza para pagar universidades privadas, no pienso por nada del mundo dejar de aprender, pese  mis 34 cabrones años a cuestas. Ya más que un título profesional, me llama más el no dejar de aprender y no ser parte de la borregada que siempre hablará sin fundamento.

Le temo a eso. Es mi más grande terror el no saber del mundo en donde vivo, de mi país, de lo que sucede más allá de mi colonia. 

Puedo ser conforme con los bienes materiales que pueda tener, después de todo, vivo consciente y muy a gusto con mi idea de que no necesito lo impuesto por el sistema; todo aquello que desean que compre. No necesito un televisor de pantalla plana, ni un coche, ni un IPhone, ni tomar café en Starbucks; no necesito beber en La Condesa, ni agradar en círculos sociales. Lo respeto, pero no lo ocupo.

No  necesito nada de eso, sin embargo, y por cuestiones que van más allá de lo que pueda explicar, necesito saber más, leer más. El ser bilingüe no es suficiente. Tengo que aprender italiano pronto, tengo que regresar a las discusiones álgidas con catedráticos sionistas, tan nutritivos pese a lo diferente de los puntos de vista; a las aulas cerradas y espectantes de los datos disfrazados por profesores en clase, y que en realidad son pura teoría política tirada al aire, dispuesta a ser recibida por quienes ven más allá de simples datos que hablen de Honecker o las Juventudes Comunistas.

Mi entorno se ha ido cerrado desde que llegué del Caribe, desde que dejé la Septién, desde que mi gente y yo nos alejamos por nuestro propio presente y que ahora resulta tan distinto a lo que se pensó en un momento; en charlas en la cantina "El Imperial", de Ignacio Mariscal. "No renunciaremos, pase lo que pase". Pero jamás se contempló la realidad latente. Todos saben que el periodismo es mi todo, carajo, lo traigo metido desde antes de nacer y se hizo grande cuando toqué la cuna.

Ahora de nuevo escribiremos. Abandono todas las líneas sabrosas, pero en realidad insulsas de la pinche red social, para tratar de regresar y probarme que no sólo la letra fluye cuando hay azote. Después de todo, vendrán más y con ello, más condimento, pero ya viene siendo hora de evitar conformismos textuales, placeres momentáneos de unas cuantas líneas.