Yo fui uno de los miles que firmó a favor de llevar a juicio a Felipe Calderón. La fallida guerra contra el narcotráfico y sus daños colaterales, van más allá de lo que un líder de estado puede augurar al llevar a cabo semejante diligencia. Es y será fallida desde sus inicios, desde su deficiente planeación que pasó por muy alto la máxima que ha venido rigiendo a nuestro país desde los tiempos de Durazo Moreno: la corrupción.
¿Cómo es posible que, con tal de legitimar su robo presidencial, Felipe Calderón haya tomado la decisión de declararle la guerra al narco, aún sabiendo que toda su estructura promotora y preservadora de mantener la ley y un estado de derecho, está coludida con el enemigo declarado?
No es noticia nueva el saber que generales; altos mandos militares, policías, desde municipales, hasta federales, en gran mayoría son una bola de rateros prepotentes sin un gramo de cultura cívica, de ética, que les permitiese ejercer sus funciones de manera profesional. No es novedad que cada vez existan más vínculos entre gobierno y traficantes y muy a pesar de saber esto, Felipe Calderón Hinojosa se le fue encima, así con su pequeña humanidad, a un monstruo enorme que ya tenía medido cada uno de los golpes que el pobre presidente, junto con todo su circo, asestaría.
Su necesidad de legitimar el robo perpetrado a Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones del 2006, le hizo olvidar que sus instrumentos para llevar a cabo esta guerra, estaban corrompidos, sucios e inoperantes. Le hizo olvidar que el sexenio Foxista, sacó del penal de Puente Grande a Joaquín "El Chapo" Guzmán. Le hizo olvidar que la policía mexicana es una de las más corruptas del mundo y pensó que al subir el sueldo al ejército, estos podrían hacer el trabajo de civiles, y llenó las calles de soldados encapuchados y de gatillo fácil a la hora de poner retenes.
La papa estaba más caliente de lo que sus ansias de llegar a la presidencia esperaron, las corporaciones policíacas eran de algún modo y desde hace muchos años, parte de las filas de los diferentes cárteles; oficiales de policía al servicio de narcotraficantes que no dudaban en engrosar las filas de la maña, con tal de recibir sus beneficios. Sin embrago, Felipe los mandó a combatir a sus propios jefes, logrando el resultado que ya sabemos: policías muertos acusados de servir a uno y otro cártel, ediles asesinados cuales reces, por, también, estar embarrados hasta las orejas del lodo traficante que no se detiene ante nada; movido por las masas de millones de dólares que pasan por encima de todo lo que se le atraviesa.
¿En algún momento Felipe Calderón habrá pensado que todo su sistema judicial es una porquería y que sería imposible ganar una "guerra" teniendo sus organismos policiales y militares corrompidos hasta la médula?
Si, definitivamente si lo pensó, pero le importó un comino.
A Calderón le urgía vanagloriarse con triunfalismos populistas que limpiasen su silla presidencial; le era imperioso recuperar credibilidad y apostó con sangre ajena en la arena política de un país cada vez más llevado al derrumbe; donde los recursos se despilfarran en series de televisión como la producida por Televisa, "El Equipo". Más de 118 millones de pesos costó el intentar limpiar el nombre de la Policía Federal comandada por el delincuente de Genaro García Luna o mejor conocido como "El Señor de los Montajes", por hacer alusión al falso operativo donde se aprendió a Florence Cassez, ciudadana francesa acusada falsamente de secuestro y sentenciada a más de 60 años de prisión. Una víctima más de García Luna y Luis Cárdenas Palomino.
Felipe Calderón ignoró los principios políticos para asegurar la paz social. Sería estúpido pensar en naciones libres de crimen organizado y más estúpido pensar en que Calderón se "sacó un 10" son su lucha "valiente" y poco inteligente. No es de extraños el saber que todo gobierno negocia con su crimen organizado; así como Rudolph Giulianni lo hizo al ser alcalde de Nueva York y como fiscal de distrito, a finales de la década de los 80, y acordó con las mafias locales encargadas de la prostitución y el tráfico: no asesinatos, no asaltos ni agresiones a la población civil, férreo combate a la corrupción y negociación como base de todo.
Tal vez la geopolítica de nuestro país es distinta, pero las condiciones actuales se prestan a buscar soluciones urgentes, duraderas y acordes con el conflicto que actualmente vive nuestro país, gracias a las decisiones de Calderón y su séquito. Patearon el avispero con tal de quedar bien con la niña bonita y resultó que las avispas picaron a medio pueblo, han matado a mucha gente y ya sólo el triste mandatario, ruega como lo hizo su botudo e imbécil antecesor, por que estos seis años se terminen pronto y deje de dar la cara por su mesiánico actuar que ya se vio no ha hecho más que retroceder al país al grado de hacernos una Colombia ochentera.
La gloria política y personal van muy lejos de la necesidad de un país. Por eso, simplemente por eso, Felipe Calderón Hinojosa merece ser llevado a juicio.